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Los pollos de Santa Laura

Por EDGARDO MARÍN

Los de Santa Laura testimonian con su primera estrella la inquietud por un aspecto que acompaña al fútbol desde su origen, pero que normalmente es más discursivo que práctico: el trabajo con las divisiones menores. Si resulta sorprendente el título rojo de 1943 es porque lo logra con gente formada en su propia casa.

Esto, por lo demás, es característico de la Unión desde la apertura del profesionalismo. Simbólico es precisamente en 1933, cuando queda a cargo de las divisiones inferiores el dirigente Andrés García. Un hombre bueno, preocupado de los jóvenes, tesonero en una labor que no siempre es bien comprendida. Menos en los comienzos del fútbol profesional, cuando los clubes apresuradamente miran a los planteles de los rivales o hacia las provincias para formar cuadros competitivos. La competencia no deja mucho tiempo para pensar en la formación de jugadores.

La Unión es la excepción y Andrés García dice con orgullo desde su "incubadora" de Santa Laura: "La Unión Española es un equipo chileno, no de ciento por ciento, sino de mil por ciento". Por cierto, el trabajo formativo sólo es posible gracias al entusiasmo de Andrés García. Señalan los comentarios que ningún otro habría soportado tanto tiempo "a cargo de los chiquillos del club, cuidándolos, aconsejándolos todos los días, como un padre: levantándose temprano los domingos para estar a las ocho de la mañana en la cancha con sus cabros; llevándoles el uniforme, los zapatos; hablándoles de sus condiciones, estimulándolos a seguir y hasta dándoles sus monedas, cuando hay necesidad, para el carro o para el desayuno".

Si este trabajo requiere de gran dedicación es imaginable el desánimo que pudo producir la disolución del equipo en 1939 y la partida de trece de sus jugadores, todos titulares de primera división, a otros clubes. Increíblemente, la Unión no ceja en su intento, y en 1940 sale a la cancha con un cuadro demasiado tierno, inexperto, a encarar los desafíos de un nuevo campeonato. Y allí, en el rigor del torneo por los puntos, comienza su duro fogueo. En 1940 los juveniles terminan en el último lugar. Pero el 41 son quintos, colocándose "delante de otros teams que habían costado miles de pesos".

En 1943 "los pollos de García" tienen la alternativa. Al comenzar el campeonato son dirigidos por Manuel Casals (en la banca desde 1940), un coruñés culto y de charla cautivante que estudió Leyes para satisfacer a sus padres y se fue al Real Madrid con su título de abogado bajo el brazo. Más tarde llega a la banca Atanasio Pardo, que fuera defensor de la Unión en los años 20 junto a su hermano José. La experiencia la ponen dos jugadores de sabia veterana: Segundo Flores (el "Camión"), tres veces campeón con Magallanes y una con Colo Colo, ya retirado del fútbol y al que Unión tienta con el regreso, y Luis Ponce, el legendario "Cacho", presente en los cuatro campeonatos obtenidos por Magallanes.

Hernán Fernández, el "Nano", hace en el arco un año espectacular, acompañado por un zaguero tesonero con el que viene jugando desde las infantiles: Pantaleón Calvo. Ambos, y el eficiente Francisco Urroz, conforman la base defensiva y no faltan a ningún partido. Hay aplausos para todos. Para Benito Armingol en la punta derecha del ataque. Para Mario Campaña, pujante organizador; para Luis Machuca, un goleador que alcanza el título de mayor artillero del campeonato. Para Atilio Cremaschi, el cinchador puntarenense que jamás se agota.

También Green Cross y Católica presentan alineaciones muy juveniles y se los destaca como "equipos livianos, más veloces". Hay, entonces, una tendencia al trabajo con los menores y el público y la crítica lo aplauden.

Las simpatías generales están con los niños de Santa Laura y se escribe: "Sus últimos partidos ya no revelan a ese elenco voluntarioso que se nos presentó hasta el comienzo de la segunda rueda. Faltan dos partidos y es necesario que los cabros rojos demuestren que no ha sido casualidad su meritoria lucha por el primer puesto".

Lo demuestran ganando a Magallanes y Green Cross. Le arrebatan el cetro a Colo Colo, que pierde con Santiago Morning en la última fecha. Ha sido, dice la prensa, “el triunfo de la camaradería y el sacrificio; el triunfo de la paciencia y el buen criterio; el triunfo de la devoción y el cariño de una familia que se ha cobijado bajo el manto de los colores queridos; es el triunfo de la cancha propia".


Extraído de "Historia total del fútbol chileno".